9/02/2011

Un psicópata encantador, un caballero.

Tengo casi media hora para que este tipo se drogue un rato y trate de matar esa perra que no tolera, igual que él. Está sentado en una silla de comedor sin espaldar viendo fijamente una pared esperando que una puerta se golpee o que alguien lo grite para dejar de flotar sobre su cabeza y planear un día gris de esos que le gustan. Con ese aire asquerosamente frió que le dopa todo el rostro, ese aire que le duerme las manos y le quita el cabello de la cara a ratos para ver esas manchas  que cruzan ese puente metálico y rudimentario por el cual transita a diario imaginando su vida en otro lugar, se hace una idea de lo que esta fuera de su cabeza y despierta, toma sus llaves y sale como si estuviera encaminado  a hacer una diligencia con determinación. Cruza el pasillo y el celador de turno lo saluda como de costumbre antes de su salida, el contesta amablemente y sigue su camino hacia la puerta de aluminio que da a la calle... A dos calles de su edificio ve pasar a ese imbécil que vive en el cuarto piso, en su auto blanco con su madre que es una anciana decrepita y molesta, siente ganas de correr y esperarlo a que salga de su auto en el parqueadero para romperle las piernas y ahogarlo en gasolina, pero recuerda que hay cosas que se gozan mas como un café en algún sitio de esos que  escapan a los dueños jóvenes y sin imaginación. Ella se encontraba en un banco haciendo fila para pagar  su recibo del agua, pasado algunos días por el descuido, no soportó mas esa puta fila, ese gordo de mierda delante, esa enfermera que la punzaba de afán atrás y el ignorante haciendo reclamos donde no debía y decidió salir con afán para fingir una urgencia. Encontró ese lugar y se sentó a beber un café mientras veía la gente afanada pasar por la ventana e imaginaba cual era el motivo de su afán o porque llevaban esa expresión en su rostro pero todo ocurría demasiado lento para su gusto así que entro al baño, la llave goteaba, sacó del bolsillo mas pequeño de su billetera una bolsilla  que hurgo con sus llaves y salió del baño, la llave era un chorro enorme,  se sentó de nuevo a ver la gente pasar. Ella doblo la esquina y se perdió entre la gente. Apenas entro pidió un te y se sentó a sonreír cual banquero mezquino por el dinero que había ganado con el desespero de alguien con escrúpulos... Y la gente era de papel y el tiempo un huracán  que se los llevaba con afán, partiendolos en pedazos, astillandolos sobre los andenes... Se levantó y le dijo a la señorita que acababa de entrar que debía ser cuidadosa, recogió la cofia que estaba a la entrada y se la entrego mientras sonreía, la invito otro café y empezó a conversar. Pero pensó que si hacia tal advertencia quizás se delataría y no podría llevarla a edificio, atravesar el pasillo, saludar al celador, abrir su puerta, ofrecerle su silla sin espaldar y luego hacer una obra de arte en sus paredes con sangre... Ella entro, vio a un tipo alterado, a la puta de la fila, la puerta del baño abierta y su llave goteando, pidió un cigarrillo un café, se sentó y susurro entre dientes... La observo unos minutos, pensó, se desesperó, pago el cafe, corrió a su edificio, abrió la puerta de aluminio, saludo al celador, abrió la puerta de su casa, entro a su cuarto, abrió el cajón donde guardaba sus pastillas, saco un 38 largo, se lo metió a la boca y disparo, un cuadro encantador. Encantador debo decir. Ella salvó a una puta mientras se tomaba un café y fumaba... Él tenia 45 minutos de no querer matar, se había enamorado y pensó que su sonrisa no bastaría para recoger el tiempo que ella había perdido en la fila. 

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A esto le cabe mas basura.