4/16/2011

En la dicha, en el llanto.

Sentado contra esa ceiba, respirando entre el pasto, mi sombra; el desespero esta pariendo mi sonrisa amplia, llena de desconfianza... Ah y comenzamos a nacer derrochando alegría, apenados; dejamos de estar tu en tu cama con las rodillas en la frente, yo en la mía con el sol en la espalda, prendido de mi almohada. Camine con el sol a cuestas hacia la puerta, caminaste con las venas abiertas hacia la nada. Una gota tras otra, un rastro tras tus pasos decía que estabas dejándome, para cuando deje el sol en la primera escalera estabas vacía y solo tu piel seca colgaba de un perchero junto a nuestra cama. Sí, yo te mate, cada gota de sangre es mi culpa y tu pellejo es escalofriante pero llegando llegaste...
El estaba sentado ahí en la oscuridad, lo se porque varias veces reía al verte sentada en la orilla de ese lago sacando los cadáveres de aquellos que se ahogaban contemplando su reflejo o caían desde la ceiba donde estaba enterrado hacia tiempo mi entusiasmo. Espero a que recogieras los cadáveres, se dejo ver del sol un rato y fue en ese instante cuando comprendí que esos cadáveres eran yo en mi propio ego. En realidad es de poca importancia como ese cometa atravesó ese lluvioso día y le golpeo el pecho a ese hermano mio para llenar sus pulmones de sangre, inmortalizarlo, empujar otro cadáver que ya no era mio a ese estanque donde tu estabas rescatando mi humanidad. Quizá esa sangre apago su cabeza y tu lograste sacarme de ahí...

¿La moraleja?

Estuviste en el llanto, no en la dicha.

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A esto le cabe mas basura.